9.7 Llegada del Shah Abbas a Isfahan
(abril de 1619)
Comenzo luego que pasó la pascua á se abiuar la fama de que venia el rey á Spahan para rrecibir alli con mayor aparato y demostración al enbaxador del Mogor, no obstante auerle ya visto en Farabat, juntamente con los demás enbaxadores de otros que aun no auia admitido, queriendo que en esta ciudad, como tan populosa y grande, festejar á los unos y á los otros, para cuyo fin mandó desde entonces que se alistasen, demás de los vezinos della y de sus aldeas, los de las ciudades de Caxen, Cum, Jesda y Xiras, y de estos aunque la mayor parte oficiales y labradores, de la gente mas lustrosa y armados todos de arcabuzes y cimitarras. Mandó tanbien apercebir grande número de luminarias por las calles todas y bazares, mayormente en el Maydan, siendo esta la mayor fiesta que en Persia se haze, por la mucha libertad y licencia que de noche se toma y poder dormir luego el vino que tan largamente beuen todos.
Llegó en fin la nueua cierta de como el rey venia y que estaua ya en Caxen, diziendoselo asi de su parte al Enbaxador, Totabec, governador de la ciudad, el qual se partió luego para boluer con orden de lo que se auia de hazer en su entrada y la de los enbaxadores que cinco ó seis jornadas mas atrás le venian siguiendo.
Quando llegó á Tajut Abat, tres dias de camino de Spahan, adonde auia aquella casa dorada y jardin de que se hizo mención caminando el Enbaxador á Casbin, enbió el Enbaxador á visitarle con su secretario y saber del lo que mandaua que hiziese en su entrada, siendo costunbre hazerse este cunplimiento, no queriendo el rey que nadie le busque, ni vaya á donde estuuiere, sin particular orden suya.
Entró luego algunos dias después rrepentinamente en la ciudad, con muy pocos ó ningunos criados, y aquellos cinco ó seis dias siguientes los gastó en mandar preuenir lo que era menester para la venida de los Enbaxadores, y en visitar sus arames, siendo muchas las mugeres que con muy vigilante y estrecha guarda auian quedado en ellos.
Andaua tanbien con dos ó tres criados á cauallo y un jatel delante por las plazas, calles y bazares, no se atreuiendo nadie, quando anda en esta forma, á le hablar, hazerle cortesia, ni darle peticion alguna, sino leuantar grandes bozes pidiendo á Dios que le guarde. Pero aunque esto sea ansi, por medio de algunos criados que le siruen, de baxos ministerios, se informa secretamente de los agrauios que cada uno rrecibe, teniendo tanbien algunas oras diputadas para dar audiencia á la gente menuda, aunque estas son pocas vezes y muy limitadas, pero que con la mucha vigilancia suya, rraras vezes dexa de estar enterado de las mas cosas que en su rreyno suceden, y lo que es de mas inportancia, todos están con persuasión de que esto es ansi.
El sigundo ó tercero dia después de auer llegado, sin dar auiso primero del lo se apeó en la posada del Enbaxador, con dos criados que mas de ordinario andan con el, que el uno era Jucef Aga, eunucho de que ya se a hecho mencion, y el otro Scanderbeg, con un page que le traia el arco y aljaua con flechas. Es Scanderbeg honbre noble, pero ó que lo haga de industria, ó por ser de su naturaleza de buena condición y dado solamente á buena vida y regalo, y por esto muy gordo, jamas se enbaraza ni quiere ocuparse en tratar negocio alguno con el rey, mas de solas aquellas cosas que él le manda que haga, que son todas de casi ninguna inportancia, rriendo, beuiendo y burlando con el, y ansi nunca se halla el rey sin su conpañia. Y no queriendo que los criados que halló á la entrada de la posada dixesen nada al Enbaxador, llego de rrepente á donde se andaua paseando en la huerta que la posada tenia y le dixo que en casa de los muy amigos, como él lo era suyo, con tan poca cerimonia como aquella se auian de buscar.
Sentóse luego en un alhonbra que auia en un corredor baxo, y por no querer el Enbaxador entrar en el alhonbra, auiendose el rey quitado los zapatos, inviolable costunbre de toda la gente asiana, le hizo sentar en una silleta baxa de las que en sus casas vsan las mugeres en España, y en toda la India son muy comunes, y alli le estuuo preguntando muy particularmente de su salud, como lo auia pasado después de la venida de Casbin, y que haria mucho gusto de auisalle por el aposentador mayor, de todo lo que para su rregalo fuese menester. Y auiendo después de esto mandado que le dixese las nueuas que sabia de España, mayormente de la salud de su rey, se leuanto con las pocas acrimonias que todos los persianos vsan y se fué con la mesma priesa con que auia entrado, prometiéndole de verle muchas vezes y darle largas audiencias para todo lo que quisiese tratar con él.
Salió el Enbaxador hasta quererle dexar puesto á cauallo, pero él no quiso consentirlo y le hizo boluer de la puerta del azaguan, rresonando grandes bozes y alaridos de honbres, mugeres y muchachos, que eran en gran número los que auia en los andenes de la mezquita, calle y terrados cercanos, con las ya dichas aclamaciones.
Luego otro dia adelante quiso el rey tener una fiesta y entretenimiento para si solo, como la acostunbraua tener sienpre que venia á Spahan ó entraua en alguna de las principales ciudades de su reyno. La fiesta era que mandó echar vando, so pena de la vida y de la hazienda, que todas las mugeres, casadas y donzellas, de buen parecer, ansi persianas, como de las demás naciones habitantes en Spahan, mahometanas ó cristianas, se hallasen á las puertas de cierto bazar que señaló, que es adonde se venden las mercancias mas rricas, para que alli se escogiesen y señalasen aquellas que [á] los eunuchos que estarían á las dichas puertas les pareciese.
Era este bazar como un gran caravasar, con dos puertas que correspondian á otros bazares, el qual tenia un patio de mas de cien pasos de ancho y largo, cercado todo de corredores con muchas tiendas al derredor, las quales á porfia los mercaderes dueños dellas, persianos, armenios, árabes y judios con algunos venecianos, auian adornado con toda la rriqueza y curiosidad que se pudo hallar en Spahan. Todos los corredores y tiendas, con un gran poyo que auia en me dio del patio, estauan llenos de infinitas lanparillas, con grandísimo primor, con tantos espejuelos y hojuelas de oro entre ellas, que ni en las paredes ni colunas del patio auia cosa que no estuuiese ocupado con ello. Todo lo hueco del patio por lo más alto estaua cubierto con tendales de seda de varias colores, y en cada tienda, sobre alhonbras, muchos géneros de cosas dulces, vino y agua fria, con toda la plata y oro que cada uno podia auer, mas de que los venecianos conforme á la costunbre de Europa tenían bufetes con manteles en que la colación estaua puesta. Y estando esto ansi, y las tiendas interiormente y por lo alto con el caudal que cada uno tenia, á la ora que las mugeres auian de venir, que auia de ser luego después de medio día, se salieron todos fuera del caravasar ó bazar, sin quedar honbre alguno dentro de ninguna edad, saluo algunas mugeres mozas, deudas, hijas ó ermanas de los dichos mercaderes.
Auia tanbien vando con la mesma pena que nadie por de mucha calidad y dignidad que fuese llegase con mucho espacio á los bazares cercanos, auiendo puesta guarda de gente armada por todas partes que lo vedavan dando grandes palos á los que se llegauan, aunque lexos, á parte de donde pudiesen descubrir las puertas del bazar, aunque á los criados del Enbaxador, auiendolo el rey mandado ansí, se les permitió ver la entrada, algo apartados de las puertas. A cada una dellas auia cinco ó seis eunuchos vestidos de telas de oro y rricos turbantes y con bastones guarnecidos de oro en las manos, comenzando luego á venir á la ora señalada las mugeres, lo más bien aderezadas que cada una podia, aconpañadas, sin honbre alguno, de sus madres, ermanas ó parientas, siendo tanta su muchedunbre que todos aquellos grandes bazares que por todas partes rrodean el Maydan, y las partes adonde á ellos se entraua, se hallaua ocupado con ellas.
Llegavan á tropas de quinze ó veinte á cada una de las puertas, y los eunuchos, como buenos conocedores de moneda verdadera y falsa, les descubrían los rrostros y á las que escogían dexauan entrar, despidiendo á las otras, boluíendo muchas dellas ó las más muy corridas ellas y sus madres aunque antes viniesen forzadas y contra su voluntad. Acabóse este scrutinio ya casi noche, siendo más de tres mil las que de un estado y otro entraron dentro.
Y á la ora que al rey le pareció vino con algunos eunuchos más validos suyos, y con muchas de las mugeres cortesanas que le siguen con los instrumentos de música que en Persia se vsan, que son los que algunas vezes se an referido, y mandando luego cerrar las puertas quedó cerca dellas mucha gente de guarda hasta que otro dia el rey saliese.
Luego, otro dia muy de mañana vinieron las madres y parientas de las escogidas que se licenciaron tenprano, quedando algunas armenias que el rey mando lleuar á uno de sus arames, con gran sentimiento de los padres, mayormente de un mercader de la mesma nacion, por auer sido la una su muger, con quien estaua casado de pocos dias y la queria mucho por ser muy hermosa.
(García de Silva y Figueroa "Comentarios", Tomo II, Libro VII, Capítulo IV, pp. 361 – 366)
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